Cuando la gente piensa en criar gatos, normalmente imagina algo muy concreto: gatitos adorables, juegos mimos y diversión, ronroneos y familias felices llevándose a casa a su nuevo compañero.
Y sí, todo eso existe.
Pero hay una cara B de la cría que casi nadie ve.
La parte silenciosa. La agotadora. La emocional. La que no sale en Instagram.
Hoy quiero hablar precisamente de eso.
No desde el lado «perfecto» de la cría, sino desde el real.
Los que seguís nuestras andanzas desde hace tiempo, sabéis que compagino la cría con un trabajo a tiempo completo. Eso significa madrugar más, dormir menos y renunciar a muchísimo tiempo libre. Significa pasar menos tiempo con mi familia, mis hijos, mi pareja.
Otros descansan al llegar a casa pero yo empiezo otra rutina: areneros, limpieza, cuidados, revisiones, socialización, publicaciones diarias en redes, contestar dudas de clientes y horas observando que todo vaya bien.
Criar de forma responsable no ocupa «un rato», ocupa gran parte de tu vida.
Donde la gente ve gatitos yo veo responsabilidad.
Cada camada empieza mucho antes del nacimiento: horas estudiando distintas facetas de la cría, meses esperando parentales de líneas genéticas muy especiales, pruebas veterinarias, cruces cuidadosamente pensados, revisiones, dudas, miedo a equivocarte, equivocaciones.
La responsabilidad de traer vidas al mundo pesa muchísimo más de lo que parece desde fuera.
Tantas noches sin dormir…
La mayoría de personas nunca imagina cuántas noches pasa un criador sin dormir, cuantos festivos dedicas a cuidar de los gatos, limpiar estancias, mejorar espacios.
Cuando finalmente nacen los bebés, empieza otra etapa.
Hay camadas fáciles… y otras que te rompen por dentro.
Gatitos que necesitan ayuda para alimentarse (día y noche), madres primerizas que no entienden qué está pasando, veterinarios de urgencia, dedicar tus vacaciones a estar en casa para poder suplementar a ese bebé que no avanza al ritmo que debe o vigilar que esa gata que acaba de salir de una cirugía, se recupere bien.
Incidentes varios.
Accidentes fatales.
Miedo.
Mucho estrés.
Implicación emocional, que es algo de lo que casi nadie habla.
La cría responsable conlleva implicarte emocionalmente, a veces muchísimo más de lo conveniente.
Celebras cada pequeña victoria: un gatito que gana peso, otro que aprende a confiar, una madre que se recupera bien tras el parto.
Pero también sufres cada fracaso. Es más fácil obsesionarse con el fracaso que celebrar las múltiples victorias, que normalmente superan con creces los baches… pero el humano tiende a quedarse con lo malo y da lo bueno por hecho.
Porqué no todas las historias tienen un final feliz, por mucho que hagas todo lo posible (y lo imposible).
Y aunque aprendes a ser fuerte, nunca te acostumbras del todo.
También existe la culpa, que te acecha constantemente.
¿Estoy dedicando el tiempo suficiente a los gatos?
¿Estoy dedicando el tiempo suficiente a mi familia?
¿Estoy socializando lo suficiente?
¿Debería haber detectado antes ese problema?
¿Esta familia será realmente la adecuada?
Criar no es «tener gatos», es tomar decisiones difíciles y vivir preguntándote si estás haciendo todo lo que puedes o todavía podrías hacer más.
No todos entienden lo que implica.
Y es quizás una de las partes más frustrantes, porqué detrás de cada gatito hay meses de trabajo, gastos enormes, cuidados constantes, alimentación premium, controles veterinarios, limpieza diaria, socialización intensiva y una dedicación enorme.
Sin embargo, todavía hay quien te dice que no entiende como un gatito puede ser tan caro.
Criar bien cuesta muchísimo.
Tiempo.
Dinero.
Energía.
Desgaste emocional.
La parte mas dura de todas.
Hay algo especialmente difícil de explicar cuando crías animales.
Y es que, aunque hagas pruebas, controles veterinarios, selecciones cuidadosamente líneas genéticas y dediques años a aprender… los gatos siguen siendo seres vivos, no máquinas perfectas.
A veces, con el tiempo, aparecen patologías o problemas que no podían detectarse en las primeras semanas de vida del gatito.
Y cuando ocurre, duele muchísimo.
Porque quienes criamos de forma responsable no entregamos “productos”.
Entregamos animales a los que hemos visto nacer, crecer y desarrollarse día a día.
Por eso, cuando una familia atraviesa un problema de salud con uno de sus gatos, yo también lo vivo con angustia.
Pero quizá una de las cosas más difíciles de gestionar son ciertas reacciones.
Hay personas que entienden que la biología no siempre da garantías absolutas, que agradecen tu tiempo y que te tratan con respeto.
Y otras que reaccionan desde la rabia, buscando culpables inmediatos.
Lo más duro, a veces, no es el problema en sí.
Es sentir que, en medio del miedo o la frustración, algunas personas olvidan todo lo que hubo antes.
Porque detrás de cada gatito hay muchísimo trabajo, muchísima responsabilidad y también muchísimo vínculo… y aquellos que buscan a quién culpar olvidan los meses de cuidados, desvelos y dedicación.
Olvidan el esfuerzo puesto en criar gatos equilibrados, sanos y sociables.
Olvidan el tiempo que se les ha dedicado para resolver sus dudas e inquietudes, sin importar la hora o el día de la semana.
Y eso rompe.
Ojalá existiera una forma de garantizar que nunca aparecerá ningún problema en toda la vida de un animal.
Pero ningún veterinario, ningún criador serio y ninguna genética del mundo puede prometer algo así.
Lo único que sí podemos prometer quienes hacemos esto de corazón es honestidad, seguimiento y el compromiso de intentar hacer las cosas lo mejor posible.
Y entonces ¿por qué seguir?
Porqué los momentos malos, aunque muy duros, son pocos.
Porque criar animales de forma responsable implica aceptar algo difícil: por mucho que ames lo que haces y por mucho esfuerzo que pongas, nunca tendrás el control absoluto de todo.
Porqué existen familias (la gran mayoría) que entienden, agradecen y cuidan.
Las que te mandan fotos años después.
Las que te cuentan que ese gato se convirtió en una parte fundamental de su vida.
Sigo porque veo crecer gatitos equilibrados, cariñosos y felices, y sé todo el trabajo que hubo detrás para que pudieran tener ese comienzo.
Sigo porque, incluso en los días agotadores, entrar en la habitación y que vengan todos en tropel a saludarte y pedir caricias, sigue siendo muy especial.
Sigo, y esto es en clave de humor y os lo he contado ya a muchos, porque nadie te incordia mientras limpias areneros y puedes soltar todo el estrés del día si coges velocidad 🙂
Y porque, al final, quienes hacemos esto de verdad no criamos solo gatos.
Criamos vínculos, recuerdos y pequeños compañeros que van a formar parte de la vida de alguien durante muchos años.
Y cuando ves eso, entiendes que, a pesar de todo, sigue mereciendo la pena.
6 respuestas
Lo haces fenomenal, desde el cariño y amor más absoluto. Yo no tengo más que palabras bonitas hacia ti. Eras una criadora con mayúsculas, no dejes que nadie ni nada te haga pensar lo contrario
Gracias infinitas Rosana, por lo que dices y por cómo lo dices. En los años que hace que nos conocemos, has sido partícipe de muchas confidencias y sabes de primera mano que no siempre sale todo como deseas. Gracias por estar siempre ahí y por entender tanto esta parte invisible de la cría.
Me has puesto los pelos de punta. Criar responsablemente no es un trabajo sino una pasión. Y tengo dos mini-pruebas viviente de todas esas horas y tiempo puesto en ellos incluso antes de nacer. La biología no es infalible, pero tu cariño y el amor que pones en ellos si lo es. Haces un trabajo increíble, gracias de corazón.
Hay personas que llegan “por un gato”… y terminan formando parte del camino de una forma muy especial.
Gracias por confiar, por entender las partes más difíciles y por haber estado siempre ahí con tantísimo cariño y paciencia.
Tú sabes mejor que nadie todo lo que hay detrás de cada pequeño paso, y leer tus palabras emociona muchísimo ❤️
Ver a esos dos mini terremotos contigo (más el segundo que la primera :D) hace que todo haya merecido la pena.
No crías un producto sino un ser que formará parte de nuestra familia. Siempre hay situaciones imposibles de prever, enfermedades que llegan y que no son culpa de nadie, como pasa con los humanos. Yo estoy feliz de haberte elegido para que me guiaras y me dieras al regalo más bonito que tengo. Siempre gracias.
Millón de gracias por tus palabras y por elegirnos en su momento. También por cuidar y mimar a Umut de la mejor forma que un gato puede desear. Ese es el mayor regalo para mi 🙂