Cada vez hay más estudios que demuestran que convivir con gatos mejora tu sistema inmunitario general. Los beneficios de esta convivencia pueden analizarse desde varios prismas, entre ellos el biológico.
Y es que se ha demostrado que el gato es portador de nuevos microorganismos beneficiosos que se introducirán en el entorno, ayudando a sus humanos a potenciar un microbioma más diverso, regulando su inflamación y la producción de células inmunitarias.
Los niños que tienen la gran suerte de convivir con un gato desde edades muy tempranas, pueden desarrollar una microbiota más equilibrada y diversa, lo que en consecuencia fortalecerá su sistema inmunológico, reduciendo el riesgo de alergias y enfermedades autoinmunes futuras. En un estudio sueco publicado en Plos One, se analizó la microbiota intestinal de niños que crecieron en granjas o en hogares con mascotas y los resultados sugieren que la exposición temprana a animales domésticos, gatos incluidos, está asociada con una mayor colonización de bacterias beneficiosas, correlacionadas con una menor incidencia de alergias en etapas posteriores.
Por tanto, a día de hoy se puede afirmar que existe una estrecha y beneficiosa relación entre la microbiota y el gato, siempre y cuando el animal esté correctamente cuidado y se mantenga una higiene general adecuada del entorno.

Se observa, además, que convivir con un gato puede reducir la carga de estrés de los humanos del hogar, con lo que de forma indirecta esta menor carga de estrés también mejorará la microbiota. Un estudio realizado por la Universidad de Groningen y publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health, concluyó en que la convivencia con gatos puede reducir la soledad, mejorar las relaciones sociales, prevenir la depresión y disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares… ¡ahí es nada!
En el caso de personas alérgicas a los gatos, se ha demostrado que una exposición frecuente y controlada a su caspa y saliva, puede ayudar a desarrollar tolerancia inmunológica. De hecho, hemos podido comprobarlo en múltiples ocasiones gracias a varios de nuestros clientes alérgicos de distinta intensidad: en casos de alergias leves, la inmunidad al gato propio generada es total en prácticamente el 100% de los casos; en alergias mas acusadas, se ha generado cierta inmunidad, aunque es posible que cíclicamente el alérgico deba recurrir a medicación para paliar los efectos.
En estudios con niños, se ha demostrado que aquellos que conviven con gatos desde bebés tienen menos probabilidades de desarrollar alergia a ellos en el futuro.
La exposición gradual a ciertos alérgenos entrena al sistema inmunológico para responder de manera más moderada. No obstante, será imprescindible que dicha exposición sea siempre bajo la supervisión de un médico alergólogo, sobre todo en casos de alergias severas.

Personas con un sistema inmunológico muy debilitado (por enfermedades autoinmunes, tratamientos muy agresivos como quimioterapia, trasplantes, VIH avanzado, etc) deben prestar especial cuidado a su mayor susceptibilidad a las infecciones zoonóticas, con lo que será imprescindible que eviten el contacto con las heces del gato, mantengan una buena higiene, sometan al gato a controles veterinarios frecuentes y eviten entrar en contacto con gatos callejeros que coman carne cruda de procedencia desconocida.
Si se replantean tener un nuevo gato en esta etapa de su vida, será imprescindible pedir consejo a un médico especialista en inmunología o enfermedades infecciosas.