Si llevas un tiempo buscando un gato de raza, es muy probable que hayas escuchado opiniones de todo tipo sobre los criadores. Algunas tienen una base real cuando hablamos de malas prácticas, pero otras son mitos repetidos tantas veces que terminan pareciendo verdades absolutas y derivan en creencias limitantes.
Como criadora legalizada desde 2016, he escuchado prácticamente todos y después de años dedicados a la crianza, creo que ha llegado el momento de desmontar algunos de los más comunes.
«Los criadores solo quieren ganar dinero»
Este es probablemente el mito más extendido.
La realidad es que criar de forma responsable es una actividad muy costosa: Pruebas veterinarias, alimentación de calidad, vacunaciones, desparasitaciones, microchip, registros genealógicos, revisiones periódicas, material para los gatitos, mantenimiento y construcción de instalaciones, adquisición de ejemplares de determinadas líneas genéticas y atención constante durante las 24 horas del día generan gastos muy importantes… Sin entrar a hablar del desgaste físico y mental o de la inversión infinita de tiempo en lo que haces.
Quien piensa que la cría ética es un negocio fácil suele desconocer todo el trabajo y la inversión que hay detrás de cada camada.
Por supuesto, existen personas que crían únicamente con fines económicos, igual que ocurre en cualquier otro sector… Pero generalizar y asumir que todos los criadores funcionan así es tan injusto como afirmar que todos los mecánicos engañan a sus clientes o que todos los médicos trabajan solo por dinero.


«Adoptar siempre es mejor que comprar»
La adopción es una opción maravillosa y necesaria. Muchos gatos necesitan un hogar y son muchas las protectoras realizan una labor encomiable.
Sin embargo, adoptar y acudir a un criador responsable son decisiones diferentes que responden a necesidades distintas.
Algunas familias buscan determinadas características tanto físicas como de socialización, para otras es importante conocer los antecedentes sanitarios y genéticos de los padres. Sea como fuere, defender la adopción no debería implicar demonizar a quienes deciden adquirir un gato criado de forma ética y responsable.
No olvidemos que la mayor parte de gatos abandonados existen por mala praxis de alguien y que cada cual es libre de elegir el gato que va a formar parte de su vida.
«Los gatos de raza son más enfermizos»
La genética no funciona de una manera tan simple y si bien es cierto que determinadas patologías se asocian a razas concretas, esto no exime a un gato de origen desconocido de sufrir la misma enfermedad.
Un criador serio selecciona cuidadosamente los ejemplares reproductores, estudia los pedigríes para evitar la endogamia y realiza controles de salud para reducir al máximo la transmisión de enfermedades hereditarias. Lo importante no es si el gato tiene pedigrí o no, sino la responsabilidad con la que se ha realizado la selección genética.
Por supuesto, ningún ser vivo viene con garantía absoluta de salud. Todos los gatos, sean de raza o no, pueden desarrollar enfermedades a lo largo de su vida y en la cría controlada se pueden trabajar factores sanitarios que en la adopción se dejan totalmente al azar.

«Los criadores no quieren a sus gatos, los usan para criar»
Quien ha convivido con un criador responsable sabe lo lejos que está esta afirmación de la realidad.
Nuestros gatos viven con nosotros, forman parte de nuestras familias y ocupan una gran parte de nuestro tiempo y nuestras preocupaciones. Conocemos perfectamente sus personalidades, sus gustos y hasta sus manías. Vivimos pendientes de ellos todos los días de nuestras vidas, sean laborables o festivos, haga frío o calor, tengamos energía o estemos con gripe.
Precisamente porque los queremos, somos muy exigentes a la hora de seleccionar a las familias que recibirán a nuestros gatitos.
«Un gato con pedigrí es solo un gato con papeles»
El pedigrí no es un certificado de calidad ni una garantía de perfección.
Sin embargo, sí es una herramienta importante. Permite conocer el origen del gato, estudiar su línea genética, evitar cruces inadecuados y mantener un registro de generaciones. Ya he repetido mil veces que si un criador no entrega el pedigrí de un gato o pretende cobrar más dinero por un gato con pedigrí, es que está criando de forma ilícita.
Los «papeles» no son un simple capricho burocrático. Son parte del trabajo de conservación y mejora responsable de una raza, además de una garantía de que las cosas se están haciendo bien puesto que ninguna asociación felina emitiría una pedigrí si hay incumplimiento de su normativa interna.
«Si cobras por un gatito, no amas a los animales»
Esta idea suele venir acompañada de una visión muy poco realista de la cría.
Criar correctamente implica dedicar recursos económicos, tiempo, formación y muchísimas horas de trabajo. Cobrar por un gatito no significa convertirlo en una mercancía; significa poder sostener una actividad realizada bajo estándares de calidad y bienestar animal. Un gatito sano, activo, bien socializado y perfectamente equilibrado no es fruto del azar.
Nadie cuestiona que un veterinario cobre por atender animales porque entendemos que hay conocimientos, instalaciones y gastos detrás de ese servicio. Con la cría responsable ocurre algo parecido.

«Todos los criadores son iguales»
Y aquí llegamos al mito que más daño hace.
No todos los criadores trabajan de la misma forma. Existen profesionales comprometidos con la salud, el bienestar y la mejora de la raza, y también existen personas que no cumplen esos estándares.
Por eso es tan importante investigar antes de tomar una decisión de compra, hacer preguntas, solicitar información sanitaria y conocer cómo viven los gatos ofrece mucha más información que cualquier prejuicio general.
Reflexión final
La crítica a las malas prácticas es necesaria y beneficia tanto a los animales como a los criadores responsables. Lo que resulta agotador es tener que defender constantemente una actividad que, cuando se realiza de forma ética, está basada precisamente en el respeto y el amor por los gatos.
Después de casi una década criando gatito, sigo pensando lo mismo que el primer día: una buena cría no consiste en producir gatitos. Consiste en preservar una raza, cuidar su salud, socializar a cada camada y encontrar familias que los quieran durante toda su vida.
Y eso está muy lejos de muchos de los mitos que sigo escuchando todavía hoy.

1 respuesta
Hola